El Amor Devorador: Cuando Mi Pasión por la Programación Me Consume (y Me Libera)

Hay una frase que siempre me ha acompañado, casi como un mantra: «Encuentra lo que amas y deja que te mate». Durante mucho tiempo, la atribuí a ese genio rudo que fue Charles Bukowski, imaginando que solo él podría haber encapsulado esa entrega total, esa inmersión sin límites en aquello que nos enciende el alma. La interpretaba como una invitación a lanzarse de cabeza, sin miedo al agotamiento o incluso a cierta destrucción, porque la intensidad de vivir esa pasión lo valía todo.

Para mí, esa pasión innegable la encontré en la programación. Es en el código, en la lógica que se despliega línea a línea, donde siento que el tiempo se detiene y la creatividad fluye sin barreras. Programar no es solo un trabajo; es esa cosa que amo profundamente, lo que me absorbe por completo. Y sí, admito que a veces me «mata» un poco: noches en vela persiguiendo un bug escurridizo, la mente bullendo con soluciones mientras el resto del mundo duerme, o esa sensación de agotamiento mental después de horas de concentración intensa. Pero la verdad es que cada vez que veo una idea cobrar vida en la pantalla, cada vez que resuelvo un problema que parecía imposible, esa «muerte» se transforma en la más pura de las resurrecciones. Es una paradoja, ¿verdad?

Todo esto cobró aún más fuerza con un poema que resuena con esa misma entrega:

Mi amor,

Encuentra lo que amas y deja que te mate.

Deja que te lo quite todo.

Deja que se te pegue a la espalda y te hunda en la nada total.

Deja que te mate, y que devore tus restos.

Porque todo te matará, tanto lento como rápido.

Pero es mucho mejor que te mate un amante.

¿Bukowski o Friedman? Desenmascarando el Origen de una Pasión

La sorpresa llegó cuando descubrí que esa poderosa cita y el poema que la acompaña no son de Bukowski. La verdad es que fueron erróneamente atribuidos a él y parecen pertenecer al músico y escritor de misterio Kinky Friedman. Reconozco que me descolocó un poco al principio, pero la esencia de la frase sigue siendo igual de potente para mí, sin importar de quién provenga. Me recordó, una vez más, que las historias detrás de las palabras son tan fascinantes como las palabras mismas.

El Lado Oscuro del Amor: La Mirada de Oscar Wilde

Pero la idea de que aquello que amamos también puede ser nuestra perdición no es algo nuevo. Mucho antes, el ingenioso y a menudo trágico Oscar Wilde exploró una faceta más sombría en su conmovedor poema «La balada de la cárcel de Reading». Él lo veía de una forma más cruda:

“Pues cada hombre mata lo que ama, que todos lo oigan bien, unos con una mirada amarga, otros con una palabra halagadora, el cobarde lo hace con un beso, ¡el valiente con una espada!

Algunos matan su amor siendo jóvenes, y algunos cuando son viejos; otros estrangulan con manos de Oro: los más amables usan un cuchillo, porque los muertos tan pronto se enfrían.

Algunos aman muy poco, otros demasiado, algunos venden y otros compran; algunos hacen la hazaña con muchas lágrimas, y algunos sin un suspiro: Pues cada hombre mata lo que ama, mas no por ello cada hombre muere.”

― Oscar Wilde, Poemas selectos de Oscar Wilde, incluyendo La balada de la cárcel de Reading

Mientras que la frase de Friedman me invita a entregarme por completo a mi pasión, Wilde me confronta con la idea de que la destrucción es una consecuencia inherente del amor. No es una muerte literal, sino una aniquilación de una parte de nosotros, o incluso del amor mismo, a través de nuestras acciones o inacciones. En mi caso con la programación, esto se traduce en esa frustración que a veces me carcome cuando un bug no cede, o el riesgo de quemarme si no encuentro un balance. Son momentos en los que, sin querer, podría estar «matando» esa chispa inicial.

¿Morir por Programar o Programar Hasta Morir?

Ambas perspectivas me invitan a reflexionar sobre la naturaleza compleja de mi pasión. ¿Estoy dispuesto a que la programación me consuma por completo, aceptando el riesgo de «morir» un poco en el proceso, como sugiere la cita de Friedman? Sí, sin duda. Me sumerjo en los desafíos, en el aprendizaje constante de nuevas tecnologías, y aunque a veces me sienta «consumido», es una sensación que acepto con gusto porque me impulsa a crecer, a crear y a sentirme vivo.

Y como describe Wilde, ¿soy también el verdugo de mi propia pasión a veces? Reconozco que sí. Hay días de frustración, de dudar de mis capacidades, de sentir la tentación de tirar la toalla. Son esos momentos donde, quizás, estoy «matando» sin querer esa alegría inicial.

La verdad es que en el amor, y en mi caso en el amor por la programación, hay nacimientos y muertes, creaciones y destrucciones. Lo importante no es evitar que esta pasión me «mate» o que yo la «mate» a ella, sino comprender la profundidad de esta interacción. Seguiré dejando que la programación me «mate» un poquito cada día, porque es en esa entrega total, en ese desafío constante, donde encuentro no solo mi trabajo, sino una de las mayores fuentes de vida y realización personal.

¿Has encontrado tú también esa pasión que te consume por completo? Me encantaría saberlo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *